Por licencias más poéticas

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Traducción

por Felipe Fonseca
traducido por Ganesh


Ya llevamos un tiempo criticando el copyright. Hoy, todo el mundo en "nuestro lado del río" sabe que las licencias cerradas y propietarias establecen una serie de restricciones a la circulación de los conocimientos y las culturas. Típicamente, autorizan solamente un uso individual y doméstico, en cuanto que condicionan todas las otras posibilidades a la autorización expresa de los y las autoras. Eso es anacrónico,improductivo y estúpido. ¿Alguien aquí está en desacuerdo? ¿Bien? Sigamos...


Mirando a "este lado", gran parte de las licencias libres que se popularizaron en los últimos años (en especial las licencias Creative Commons, pero también otras como GNU-FDL, GPL, Arte Libre…) se conforman con simplemente reaccionar a las restricciones del copyright. Contraponen el “todos los derechos reservados” a “algunos derechos reservados”, pero no reflejan más a fondo sobre la naturaleza de la creación colaborativa.


Un conocido vídeo didáctico de Creative Commons, por ejemplo, muestra un bajista que modificó, por cuenta propia, una canción de la banda White Stripes. Según el vídeo, las licencias Creative Commons posibilitarían y potencializarían ese tipo de colaboración remota, a medida que se creara un dispositivo jurídico definido de antemano que eliminara la necesidad de mediación jurídica entre el bajista y el grupo de música. Puedo estar de acuerdo con eso, pero es un ejemplo limitado a una situación específica: de un lado un grupo de música insertado en la complejidad de la industria musical, del otro lado un músico independiente. Casos como éste son una parte ínfima del universo de posibilidades de producción creativa colaborativa.


La colaboración no es una novedad en la producción cultural e intelectual. Virtualmente, cualquier campo de producción de conocimiento y cultura tiene su propia tradición de producciones colaborativas relevantes. Sabemos que la colaboración es tanto más potente mientras más comunicación e intercambio existe entre las partes involucradas. En el caso del White Stripes, el intercambio fue mínimo: a una canción ya finalizada y publicada, se le suma una línea de contrabajo. El bajista y la grupa de música no se afectan mutuamente, no contrapusieron perspectivas, no negociaron conflictos. Si eso es producción colaborativa, es una producción colaborativa de baja implicación. Colaboración sin contacto, sin tocarse, con distancia, “civilizada” y fría. En vez de posibilitar procesos más humanos, diversos y abarcadoras, tales licencias pueden por el contrario incentivar el aislamiento.


Esta distorsión surge porque las licencias abiertas se enfocan más en la cuestión de la distribución del material finalizado que en potenciar procesos colaborativos. De cierta manera, estas licencias caen en una normatividad impuesta por el mercado que acreditan que la "obra" (finalizada, cerrada, empacada, publicada) es más importante que los procesos que la generaron. Estoy en desacuerdo con esta visión. Creo que podemos usar licencias como herramientas táticas, justamente para aumentar la implicación de las personas, hacerlas que salgan de la rutina, posibilitar que compartan sus repertorios y perspectivas, que abran sus procesos creativos y hasta a sí mismas a la diversidad, el cambio, el afecto y la construcción coletiva.


Lo difícil es comenzar. ¿Que tal pensar en licencias más poéticas? Licencias que cuestionan la propia función del licenciamento. Por ejemplo:

  • Esta música puede ser utilizada, descompuesta, remezclada y redistribuida de todas las formas técnicamente posibles, desde que usted mande un email para el o la autora escribiendo “*Tcharam!” en el campo de asunto.
  • Este vídeo puede ser visto sin sonido en semanas de luna llena.
  • Este disco debe ser oído por lo menos por cinco personas bailando en rueda. Cualquiera otro uso constituirá un quiebre de la licencia y enfrentará las sanciones legales. Sabemos cuando usted baila.
  • Este texto puede ser distribuido, reproducido, modificado y tener todas sus palabras reordenadas por mujeres con signo de Escorpio y por hombres con barba.
  • Para autorizar todo uso posible de esta idea (acceso, modificación, remezcla, redistribución y lo que más quieras), cierre los ojos y visualice el o la autora siendo abrazada por mil personas sonrientes.

Ese tipo de decisión puede tener poca utilidad práctica, pero sugiere formas más profundas de relación entre personas que se dicen colaborativas que las licencias que se proponen eficientes, automáticas y frías. ¡Vamos a pensar el propio licenciamento como espacio creativo!


Texto original

Já estamos há algum tempo criticando o copyright. Hoje todo mundo do nosso lado do rio sabe que licenças fechadas e proprietárias estabelecem uma série de restrições à circulação de conhecimento e cultura. Tipicamente, autorizam somente o uso individual e doméstico, enquanto que condicionam todas as outras possibilidades à autorização expressa de autores ou atravessadores. Isso é anacrônico, improdutivo e estúpido. Alguém aí discorda? Legal, vamos além.


Olhando para o lado de cá, grande parte das licenças livres que se popularizaram nos últimos anos (em especial as licenças Creative Commons, mas também similares como GNU-FDL, GPL, Arte Livre…) contentam-se em, simplesmente, reagir às restrições do copyright. Contrapõem ao “todos os direitos reservados” o “alguns direitos reservados”, mas não refletem mais a fundo sobre a natureza da criação colaborativa.


Um conhecido vídeo didático do Creative Commons, por exemplo, mostra um baixista que modificou, por conta própria, uma música da banda White Stripes. Segundo o vídeo, as licenças Creative Commons possibilitariam e potencializariam esse tipo de colaboração remota, à medida que criam um dispositivo jurídico definido de antemão que elimina a necessidade de mediação jurídica entre o baixista e a banda. Posso concordar com isso, mas é um exemplo limitado a uma situação específica: de um lado uma banda inserida no complexo da indústria fonográfica, do outro um músico independente. Casos como esse são uma parte ínfima do universo de possibilidades de produção criativa colaborativa.


Colaboração não é uma novidade na produção cultural e intelectual. Virtualmente, qualquer campo de produção de conhecimento e cultura tem sua própria tradição de produções colaborativas relevantes. Sabemos que a colaboração é tanto mais potente quanto mais comunicação e troca existir entre as partes envolvidas. No caso do White Stripes, a troca foi mínima: uma música já finalizada e publicada foi acrescida de uma linha de contrabaixo. O baixista e a banda não se afetaram mutuamente, não contrapuseram perspectivas, não negociaram conflitos. Se isso é produção colaborativa, é uma produção colaborativa de baixo envolvimento. Colaboração sem contato, sem toque, distanciada, “civilizada” e fria. Em vez de possibilitar processos mais humanos, diversos e abrangentes, tais licenças podem pelo contrário incentivar o isolamento.


Essa distorção acontece porque tais licenças “abertas” concentram-se muito mais na questão da distribuição de material finalizado do que em potencializar processos efetivamente colaborativos. De certa forma, essas licenças caem em uma normatividade imposta pelo mercado, que acredita que a “obra” (finalizada, fechada, empacotada, publicada) é mais importante do que o processo que a gerou. Eu discordo dessa visão. Acredito que podemos usar licenças como ferramentas táticas, justamente para aumentar o envolvimento de pessoas, fazê-las saírem da rotina, possibilitar que compartilhem seus repertórios e insights, que abram seus processos criativos e até a si próprias para a diversidade, a troca, o afeto e a construção coletiva.


Difícil é começar. Que tal pensar em licenças mais poéticas? Licenças que questionem a própria função do licenciamento. Por exemplo:


Esta música pode ser utilizada, decomposta, “remisturada” e redistribuída de todas as formas tecnicamente possíveis, desde que você mande um e-mail para o autor escrevendo “Tcharam!” no campo de Assunto.


Este vídeo pode ser assistido sem som em semanas de lua cheia.


Este disco deve ser ouvido por pelo menos cinco pessoas dançando em roda. Qualquer outro uso constituirá quebra de licença e enfrentará as sanções legais. Nós sabemos quando você dança.


Este texto pode ser distribuído, reproduzido, modificado e ter todas as suas palavras reordenadas por mulheres de escorpião e homens com barba por fazer.


Para autorizar todo uso possível desta ideia (acesso, modificação, remixagem, redistribuição e o que mais quiseres), feche os olhos e visualize o autor sendo abraçado por mil pessoas sorridentes.


Esse tipo de decisão pode ter pouca utilidade prática, mas sugere formas mais aprofundadas de relacionamento entre pessoas que se dizem colaborativas do que as licenças que se propõem eficientes, automáticas e frias. Vamos pensar o próprio licenciamento como espaço criativo!